martes, 5 de mayo de 2015

Chica de Oro - Capitulo 1 - Los Chinos

Los Chinos

Cuando nos despedimos me dijo que todo estaría bien. La gente nos miraba. Ella lloraba mucho. Solo me salio abrazarla y decirle lo mismo, que todo estaría bien. 
Emprendo mi retirada. No llevo equipaje. Me hace pensar en las canciones que llevan esa frase y siendo chico las escuchaba e imaginaba que eso debía ser libertad. Veo que hay diferentes maneras de leer el juego, y al menos hoy siento que alguien la pudo haber escrito en un momento parecido al mio. Mi idea de libertad esta confundida con tristeza, me parece.
Solo tengo un traje en una funda, una entrada que no use y las ganas de volver rápido a mi casa a dormir y no despertar por un par de días. Mar del Plata de repente queda tan lejos que parece inalcanzable.
Subo al colectivo y apoyo la cabeza sobre el vidrio. Son las 4 de la tarde y la fauna porteña late.
Me acomodo para dormir pero el de adelante no se decide y se mueve para todos lados. Se da la vuelta y me mira. ¿Que mira?. Me mira como los chinos a sus clientes, desconfiado. Porque con mis amigos cuando vamos a comprar, desconfiamos de sus productos. Miramos las fechas de vencimiento. Y ellos nos miran como si les fuéramos a robar. Me gusta ver eso. Me pongo en invisible. Y veo todo eso. Veo la psicosis de la gente y la desconfianza de ellos.
El chofer me deja un agua mineral caliente y un alfajor en condiciones extrañas. Y entonces empiezo con mi discusión interna si que empresa de micros debí haberme tomado. Si esta, o la otra. El de adelante se vuelve a dar vuelta y como no estoy de humor y ya es la segunda vez que lo hizo, le ofrezco mi agua. Me dice que no, y me da las gracias. Entonces supongo que dejara de mirarme. Que lo tomo  mal. 
Creo que lo logre. Pero no. Esperó el momento y me pregunta si soy el compañero de secundaria de su hijo. Como no soy adivino, le pregunto como es el nombre de su hijo. "Facundo Diaz", me responde. Y si, Facundo Diaz, era mi compañero y a ese hombre que me molestaba hasta recién, le pido disculpas y que me entienda que vengo de un largo viaje. Recuerdo su nombre, Jorge se llama. Entonces me mira como estoy y que llevo muy poco abrigo encima y supone lo que hice. Que le mentí. 
El descampado empieza a surgir en la ruta. Me duele la cabeza y mis pensamientos no son buenos. Intento dormirme con la capucha puesta. Alguien va a cumplir su sueño y yo estoy triste por eso. Hoy no debería sentirme así. Pero vamos por parte, no me pone triste que vaya a cumplir su sueño. Me pone triste que para cumplirlo deba irse tan lejos.
Debería disfrutarlo, pero al menos por ahora no me sale. Me sale pensar en que no va a estar mas con sus dibujos, con sus fotos, con sus colores, con sus movimientos de manos. Porque me gusta cuando habla así, explicando todo con las manos. A veces roboticamente.
Al llegar, el día esta algo gris, aunque, ya es un poco bien de noche. Mi departamento esta en silencio y así lo sera por unos días. Mi hermano me merodea, me rodea la manzana con mensajes de texto que nada tienen que ver con mi momento. Ok, lo agarré. Me quiere distraer y yo le voy a hacer suponer que lo hizo. Contesto con "Jajaja", "Claro", "¡Buenísimo!"
Me canso de fingir y le digo la verdad. Que la voy a extrañar.
Hay una espera de su parte y me dice que vendrá a casa a la hora que sea, que solo ponga la pava al fuego.
Me pongo nervioso y le cuento que intente regalarle un puñado de mar en una botella. La llene con arena y la envolví en "Tus Canciones", de Lisandro Aristimuño. Que me había salido hacer eso en lugar de escribirle, como era mi deseo. A veces pienso que fue una idea estúpida, aunque hoy estoy un poco mas conforme con lo que hice.
Hablamos. Mi hermano me dice que todo va a estar bien. Todos me dicen que todo va a estar bien. Estoy algo pesimista, lo se. Me levanto de la silla, me arrodillo y busco discos. Estoy inquieto y a la vuelta a sentarme con el, se para, me agarra la cara y me da un cachetazo suave, como cuando me dice que me quiere. Y yo no quiero que lo haga, que no diga eso. Porque voy a llorar. Y no quiero llorar delante de él. Entonces mientras me habla y lo escucho, apelo a una de mis tantas ideas estúpidas. Mi contraataque para no llorar es pensar la formación ideal del equipo de básquet del club del cual soy hincha. Entonces pienso: "Farabello en la base, Domine, De la Fuente tiene que ser el alero" y así. Pienso donde puedo meter a Hopson en ese cinco inicial. Y vuelvo ahí, al lugar, con la cachetada. Y si, lloro. Lloro rápido, con vergüenza. Estoy confundido. Quiero verla ahora que se fue, quiero otro trabajo, quiero ocupar mi tiempo.
Me reta y me dice que debo hacerme cargo de la situación, que esto no es un disco y no se puede pasar de un tema a otro. Empiezo a sospechar que mi plan fugaz de pasar de un tema a otro fue asi, fugaz. 
Al otro día aparece Martín y me invita a comer a su casa. No me saca el tema, el sabe mucho, incluso mas que yo. Pero quiere cuidarme y lo dejo. Me trae la cerveza que me gusta y la pizza como me gusta. Hasta compro el helado de mi sabor preferido. No me puedo quejar. Me mira, me palmea y sonríe. No es necesario que haga eso. Con su amistad me basta y me sobra. Me distraigo con su hija que me cuenta lo de toda nena de su edad: del jardín, de sus clases de danza. Tiene un pizarron e intenta escribir mi nombre. Se confunde la J con la G. La ayudo y nos reímos. Trae sus juguetes y los deja a todos ahí, en el piso.
Martín y su mujer me invitan a quedarme a dormir. y con esas palabras encima miro a mi alrededor los juguetes y si, me siento un niño. Saco valor y les digo que no, doy las gracias y explico que mañana debo ir muy temprano al trabajo. Me retrucan que desde su casa, mi trabajo queda mas cerca que de la mía. Me ponen en aprietos y les salgo que no quiero molestar a las 6 am con mis movimientos torpes de recién levantado. 
Me voy a casa. Tengo unos mensajes de ella. Le contesto que le contare todo por email. Y su respuesta nada tiene que ver con lo que esperaba. Su respuesta empieza con disculpas. Ya esta. No es lo mismo. Sigue, lo leo. Lo leo de compromiso. Ya no quiero seguir haciéndolo. De hecho supone eso en el email. Me quedo quieto y me rasco la cabeza. Voy a la cocina pensando y me preparo un te. Pienso que ella se olvido de mi. Se olvido de mi.