lunes, 11 de mayo de 2015

Chica de Oro - Capitulo 2 - La Novela

"Que se ría e inunde la casa de alegría. La persiana está alta y el sol entra débil. Calienta poco, pero lo suficiente para darle la luz a las plantas que descansan sobre el Winco. Se acerca a uno de ellas, la que me regaló, la mira, la acomoda. Se refriega los ojos que parecen estar en compota. Se va hasta la cocina, vuelve con agua y la riega. La imagen enternece. Este ultimo tiempo, muy pocas cosas me han llenado, y esta imagen va a pasar a formar parte de ellas.
Se ata el pelo y me llama por mi apellido. Hoy esta segura, como muy pocas veces lo esta. No quiero decírselo, tal vez arruine todo. Seguir observando es tal vez lo que mejor pueda hacer. Ojalá el momento se quede quieto justo ahí, para mí.
Se acerca, pone sus piernas sobre las mías y las deja caer. Me habla y se vuelve niña. Me habla de sus perros, de su madre, de Maki. Me quedo inmóvil cuando en realidad debería hacer algo. Pero espere tanto esto que ahora no se como actuar. Cosmo es la backing band que suena atrás de cada cosa que nos sucede y me dejo llevar. Anoche durmió con la cabeza en la almohada, lo que por estos días, no es poco. Se recuesta en mi y me abraza. Le toco la nariz y se pone seria. No hay nada que le guste menos que eso. Pero ha sido un toque de nervios, de no soltarme al momento y errar. Salgo del paso con una broma y tengo mi recompensa en un beso.
Los tiempos son cortos. Unas horas con ella son mucho, pero a veces unas horas no son suficientes, menos, demasiado. Se abriga, toma un mate mas para el camino. Me abraza y me pide que me cuide.
Cruzamos la galería entre faroles y algunas nubes que dejan verse. Abro la puerta, y el sol vuelve a iluminar su sonrisa de despedida".
Tengo pensado mandarle todas estas palabras para que las lea la distancia.
No me animo, todo queda en borrador. Me abrigo y salgo al frío. Debo hacer algunas cuadras para llegar a Martín. Es su cumpleaños y voy a buscarlo a su trabajo. De ahí iremos en busca de unos amigos y así seguiremos juntando cómplices sucesivamente. Por el camino llamo a mi vieja. Me cuenta que esta mirando una novela turca. Si, una novela turca. Le comento que en algo coincidimos. Que voy escuchando "La novela", de Pablo Malaurie, un disco que me encanta y que al fin pude rastrear y bajarlo a mi celular. Me pide que se lo haga escuchar cuando venga a visitarme. En muchos puntos, mi madre es rocker. Creo que puede gustarle. Malaurie para mí es la mezcla entre Spinetta, Aristimuño y una vieja resfriada, por el tono de su voz.
Al llegar, Martín esta arreglando su corbata. Hay poca gente en el lugar. Me siento en la barra y me sirve una copa de vino y un cóctel en proceso de ser un cóctel definitivo. Tiene Jameson y naranja y algunas cosas mas que intento descifrar. Destaca mi prolijidad con la ropa y lo pomposo de mi pelo. Cree que es síntoma de que me estoy poniendo bien. Mientras tomo el vino cruzamos algunas palabras, algunas chicanas y varias botellas de mano en mano como motivo de charla.
No quiero decirle a Martín que quiero mandarle lo que escribí a Chica de Oro porque le prometí que no iba a hacerlo. En algún momento pienso decírselo, porque nuestra amistad no entiende de secretos y a la vez, entiende de errores.
En cierto punto creo que intuye lo que hice. O al menos se ha convertido en juez para mi. Su palabra me importa, y a la vez me condena.
Camino a la búsqueda de nuestros amigos se lo digo. Pero también que esta en borrador y todavía no se lo mandé. Hay un silencio de los que corta solo el viento. Su reacción es algo sanguínea. Deja estéril mi cabeza y le comento que no puse nada pero puse todo. Que le describí un momento nuestro. Una mañana. Que la recuerdo así. Que me duelen las mañanas y no las noches. Que quise que lo leyera como si no fuera yo quien lo escribió. Paso mi celular a su mano para que lea.
Me lo devuelve y entramos al bar. Cruzando la puerta suelta que esta bien que extrañe, que es lo normal. Pero que no me rompa la cabeza, que dejé todo en la cancha. Habla lo justo y necesario como para que me sienta mal. Me lleva al limite para ver mis reacciones. A veces es desafiante. Pero nos queremos demasiado y todo es para mi bien. Cuando me voy a caer, me tiende su mano de nuevo, como una broma de mal gusto.
Consulta sobre una posible respuesta o mejor dicho, sobre lo que seria una respuesta decorosa para mi y solo le cuento el comienzo. Que mientras estaba en la barra de su trabajo recibí un mensaje de ella. Que no nos escribimos hace dos meses y que solo leí el comienzo porque hoy es su cumpleaños y tal vez me pueda llegar a poner mal y no quiero incomodar a nadie.
"Escribí esto en mi cuaderno con la intención de sacármelo de encima, pero con la idea de que jamas lo leas. Hoy estoy muy triste y decido mandártelo."
Ese es el comienzo de su mensaje. Solo esos pocos renglones me anime a leer. No podía ser tan egoísta. Debía esforzarme y esperar a llegar a mi casa a leer.
La noche se moja en risas. El equipo esta completo. La mesa la completa el Sensei, imponente como siempre, gigante,  Agustín, un amigo de Martín y Paola, que retrata el momento de diversión invernal. Esa foto cuelga en una parte de mi casa donde la acompañan un montón de fotos mas, todas superpuestas. Algunas apuestas y otras puestas.
Levantamos los vasos y brindamos por su cumpleaños. Surgen anécdotas de un viaje compartido hace poco. Le pedimos a Agustín que cuente como hizo para pasar 8 horas en un hotel de lujo vestido con un jogging viejo y sucio. Reímos todos.
En el lugar creo que solo quedamos nosotros. La noche ha sido larga. Nos paramos, nos vamos. Tomamos la esquina en busca de un taxi para. Para mi son apenas unos metros en el frío hasta casa. Surgen bromas de despedida y abrazos por doquier. El alcohol en sangre. Propuestas de vernos lunes,martes o miércoles. De inventarle un día mas a la semana para poder juntarnos. Mi abrazo es de festejo. El suyo, de cuidado.  Me agarra el pelo, me toca la cara y me susurra que volveremos a hablar de ese tema.